Es evidente que en nuestra sociedad, el lenguaje verbal y no verbal se utiliza de forma diferente si nos dirigimos a un chico o si nos dirigimos a una chica. Por ejemplo, cuando te juntas con un grupo de amigos y amigas, a los chicos le das un pequeño manotón en la espalda y les dices "qué pasa tío"; sin embargo, cuando te diriges a una chica les das un par de besos y le preguntas "qué tal", "cómo estás", etc. En definitiva, que eres más cuidadoso con las chicas y más brusco con los chicos.
Esto, en mi opinión, puede deberse a que se ha considerado al género femenino como el débil y al masculino como el fuerte; esto ha derivado en una concepción social que considera de poco respetuoso el hecho de dirigirte de forma "brusca" hacia una chica, pero también considera "extraño" que te dirijas a un chico de forma más cuidadosa (si eres chico).
El hecho de la necesidad de dirigirse a una mujer con respeto, mientras que para dirigirse a un hombre hay que hacerlo de forma más brusca nos muestra el hecho del estereotipo de "mujeres=débiles" y "hombres=bruscos".
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